Estudiar el amor ayudaría a comprender mejor nuestras emociones

Ignacio Camacho Arroyo analiza las regiones cerebrales que intervienen en este estado

En las últimas décadas, estudios científicos han permitido reconocer la importancia del amor en la vida de las personas: “Es algo tan complejo que, si lo entendemos, podríamos llegar a comprender cómo se generan y se regulan nuestras emociones y qué regiones cerebrales están involucradas en ellas”, señaló Ignacio Camacho Arroyo, reconocido especialista en investigación biomédica básica y académico de la Facultad de Química (FQ) de la UNAM. 

El universitario, quien colabora en la Unidad de Investigación en Reproducción Humana que tiene la FQ en el Instituto Nacional de Perinatología, explicó en entrevista que en términos de la Biología, el amor es un proceso complejo, integral, en donde participan distintas partes del cerebro, así como ciertas glándulas productoras de hormonas, las cuales conducen a un estado emocional muy característico, que puede ir desde la motivación, la euforia, la seguridad y la confianza, hasta la ansiedad, la depresión, la obsesión y estrés crónico (cuando se rompe la relación).

De acuerdo con el universitario, en términos biológicos sólo existen dos tipos de amor: el de pareja y el filial. En el caso del primero, es relevante porque muchas veces lleva a la reproducción y con ello a la perpetuación de la especie; mientras que el segundo de igual forma es fundamental, porque implica el cuidado maternal o paternal, ya que cuando el bebé nace está indefenso.

Además de distintas partes del cerebro encargadas de emociones y percepción de la realidad, en el amor también participan glándulas como la hipófisis, las adrenales (importantes en las respuestas al estrés) y las gónadas (ovarios y testículos), relevantes en términos de producción de hormonas sexuales, indicó Ignacio Camacho.

“Se ha visto que las propias hormonas sexuales regulan muchas funciones en el cerebro, incluidas la memoria, las emociones y el aprendizaje. Asimismo, diferentes regiones cerebrales participan en el fenómeno del enamoramiento y están relacionadas, por ejemplo, con la sensación de recompensa (sentirse bien)”, añadió el experto. 

En cuanto a las emociones del amor, participan diferentes regiones cerebrales comentó el profesor de la Facultad de Química, como las del sistema límbico en el que se encuentran estructuras como la amígdala, el hipocampo, la corteza cerebral y el hipotálamo.

Camacho Arroyo, quien estudia los efectos y mecanismos de acción de las hormonas sexuales en el sistema neuroinmunoendócrino en modelos fisiológicos y patológicos, apuntó que existen tres fases en el amor de pareja: el enamoramiento, fase inicial que puede durar desde unas semanas hasta algunos meses; el amor romántico o consolidado, característico en una relación de pareja más estable y, por último, en la etapa de adultez mayor, el amor de compañía, en el que la parte sexual pasa a un segundo plano.  

“Estar enamorado o en una relación amorosa sana activa diferentes componentes del sistema inmunológico, es decir, que estar en una relación amorosa es algo saludable”, expresó el especialista.

Asimismo, indicó que en la etapa del enamoramiento se incrementan neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, las cuales generan bienestar; además, “se activan moléculas relacionadas con la memoria, porque se está aprendiendo mucho”.

Finalmente, Ignacio Camacho aseguró: “es fundamental entender la importancia que tiene el amor para toda nuestra vida y que una relación de pareja debe ser siempre gozosa, no una relación tóxica que te dañe, porque eso deteriora tu salud, en contraste con una relación amorosa sana que te va a mantener bien y saludable”.

Yazmín Ramírez Venancio

José Martín Juárez Sánchez

Fotos: Juan Alonso Vargas Hernández
y Jonathan Josué Martínez Medina

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